Chile perdería una década de la batalla contra la pobreza y la desigualdad

El menor dinamismo económico, el desempleo y la caída de ingresos harán retroceder indicadores sociales.
Es lunes en la tarde y un grito rompe el letargo de la cuarentena en Providencia. ‘¡Comida! ¡Ropita! ¡Lo que sea de su voluntad!’, repite una pareja empujando un carro. Horas más tarde suenan otros gritos, de otras personas. Un sonido que hace varios años no se oía en esta zona de la capital.

La pandemia ha golpeado fuerte a la economía: el segundo trimestre terminó con una contracción de 13% del PIB y la destrucción del empleo alcanzó el 20%. Y ambos, crecimiento y empleo, tienen incidencia directa en otros indicadores del desarrollo: pobreza y desigualdad.

‘La caída de la ocupación y por consiguiente de los ingresos laborales van a aumentar en grado muy significativo la pobreza y la desigualdad de ingresos’, dice Osvaldo Larrañaga, académico de la Escuela de Gobierno UC. Según proyecciones, Chile podría perder una década en la lucha por disminuir estos dos factores.

Jorge Fantuzzi, socio de FK Economics, calcula que, con una contracción económica esperada para 2020 de entre 7,2% y 8%, la pobreza por ingresos podría pasar de 8,6% (Casen 2017), a entre 8,9 y 9,3%. Pero, el crecimiento es solo un factor. Considerando el desempleo de dos dígitos alcanzado el último trimestre, dice que la pobreza podría llegar hasta 12,1%. Eso significa 400 mil nuevos pobres.

Dante Contreras, académico de la FEN U. de Chile, es más pesimista: estima que alcanzará 15% este año. Con esto, se volvería a niveles no vistos desde el 2013.

El mal escenario sería peor sin las ayudas entregadas por el Gobierno. ‘Algo se ha amortiguado’, admite Contreras. Concuerda Fantuzzi: sin la Ley de Protección al Empleo, estima que la pobreza podría haber llegado a 19,5%.

Distribución del ingreso

En desigualdad, un factor más difícil de proyectar, también se perdería una década. Contreras estima que el Gini (medida en la que 0 representa total igualdad) pasaría del 0,45 según la Casen 2017, a 0,47. Un número no visto desde 2009. ‘La desigualdad aumenta porque la caída de empleo e ingresos no ha sido pareja, sino que ha afectado más fuertemente a determinados sectores económicos y regiones del país’, dice Larrañaga.

Solo en términos de desempleo, los quintiles más pobres (1 al 4) pasaría del 12% al 16%, mientras que el quintil más rico de 5% a 8%. ‘En escenarios así, lo que uno ve es que en quintiles más pobres los ingresos caen 25%, una cifra súper alta y eso va a generar incrementos en la vulnerabilidad’, dice Contreras.

Las cifras, sin embargo, pueden no reflejar de manera fidedigna el golpe. Contreras advierte que el Gini es muy sensible a lo que ocurre en los rangos medios, pero la mayor parte del golpe se dará en la parte baja de los ingresos. Y Marco Kremerman, economista de Fundación Sol, advierte que se necesitan indicadores complementarios para medir el real impacto, en especial, debido al rezago en mediciones como la Casen.

Efectos a largo plazo

‘Hay que separar efectos de corto plazo de los de largo plazo’, advierte Contreras. Es que, si bien los apoyos del Gobierno amortiguarán el golpe, no hay que perder de vista el largo plazo. ‘La recuperación del empleo es a mediano plazo, ahí se juega las condiciones de bienestar para los próximos 2 o 3 años’, dice. Pero, advierte, hay sectores donde esto puede ser más lento, ya que han perdido capacidad de recuperar puestos de trabajo destruidos por la pandemia.

A largo plazo, además, se da un círculo vicioso: una mayor desigualdad y el menor crecimiento de los ingresos tiene efectos negativos en el crecimiento económico. Por un lado, limitan la inversión en capital humano y la movilidad social, lo que golpea la productividad. Y, por otra parte, ambos factores, como se vio el 18-O, son un factor determinante para la inestabilidad social y política.

>>0,47 es el Gini estimado para 2020. Un número no visto desde 2009.

>>19,5% podría haber alcanzado la pobreza sin los apoyos del Gobierno.

Fuente: La Segunda